Trump vs. Los Solicitantes de Asilo

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El último capítulo en la saga Trump vs. Los Solicitantes de Asilo es particularmente cruel: una propuesta de regulación, dada a conocer hace 5 días, impone restricciones severas al acceso a permisos de trabajo por parte de solicitantes de asilo. El plan es bastante más perverso que lo explicado por la prensa.

 

(Si gustan ver un análisis inteligente y breve sobre los excesos de esta administración respecto del asilo, vean el episodio “Trump’s Worst Policy: Killing Asylum” de Patriot Act con Hasan Minhaj.)

 

Ahora mismo, la propuesta se encuentra en período de recepción de comentarios, mismo que ser cerrará el 13 de enero de 2020. Después de esa fecha, el gobierno puede publicar la regla como final, y definir el momento de entrada en vigor.

 

En líneas generales, la nueva regla propone los siguientes cambios radicales:

 

  1. Un extranjero con petición de asilo pendiente tendría qué esperar 365 días para poder solicitar permiso de trabajo. Actualmente, el período de espera es de 150 días.

 

  1. Se negaría casi en todos los casos el permiso de trabajo a quienes hubieran entrado al país por lugares no autorizados, es decir, no por puertos de entrada en la frontera.

 

  1. Se cerraría también la puerta al permiso de trabajo a quienes hubiesen presentado su petición de asilo más allá del año de haber entrado, con contadas excepciones.

 

  1. Los solicitantes con ciertos delitos graves quedarían excluidos de la posibilidad de tener permiso de trabajo. Y los acusados de otros delitos menos graves, como DWI o DUI, podrían, a discreción de USCIS, ver negadas sus solicitudes de permiso de trabajo también.

 

Como expliqué, la regla, de aprobarse, entraría en vigor en algún posterior al 13 de enero de 2020. Pudiese ser que la regla final, de aprobarse, sea distinta y menos severa. De todo eso nos enteraríamos el año que entra.

 
¿Por qué opino que esta regla es perversa? Porque quien viene a este país a solicitar asilo generalmente lo hace porque su vida e integridad corporal están en peligro en el país propio. El proceso implica dejar todo atrás en casa, sortear mil obstáculos y adaptarse a un país extranjero.

 

Para complicar las cosas, el no contar con un permiso de trabajo pronto –de por sí ya es grave esperar 150 días; pedir que se aguarde un año es inmoral– coloca al solicitante de asilo en una disyuntiva nefasta: no aportar recursos para la manutención de su familia, o violar la ley de migración para poner pan en la mesa. La ley es miope y unidimensional, pero la ley natural obliga a dar alimentos a los propios.

 

Ojalá que no se cumpla la amenaza que propone esta regla. Ojalá que el gobierno de Estados Unidos sea consistente con sus obligaciones internacionales frente al proceso de asilo, y congruente con sus historia fundacional.

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Archivado bajo Asilo, Asylum, Donald Trump, USCIS

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