Niños Enjaulados

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No pudo Trump con la presión. Después de intentar defender la política más cruel de reciente memoria, el presidente estadounidense dobló las manos el día de hoy, y anunció el fin de la práctica de separar sistemáticamente a madres migrantes de sus hijos menores de edad cuando eran aprehendidos en la frontera sur del país anglosajón.

 

Estados Unidos vivió una crisis humanitaria, creada por Donald Trump, y terminada por él mismo ante el repudio generalizado: miles de niños inmigrantes –algunos de meses de nacidos, los más entre 10 y 17 años– que ingresaron junto con uno o ambos padres por la frontera sur de nuestro vecino del norte, fueron separados de sus padres. Esta práctica reciente, sostenida hasta el día de hoy, del gobierno de los Estados Unidos evidenció una conducta inmoral, insensible, cruel y despiadada.

 

La reacción dentro y fuera de los Estados Unidos ha sido contundente: las imágenes y audio de los niños detenidos desgarran. La fotografía reciente de niños enjaulados, o de un menor de 3 o 4 años, con un número identificador al pecho corresponde con los registros de los campos de desplazamiento para japoneses y americanos con esa descendencia durante la segunda guerra mundial aquí mismo en Estados Unidos, o los portados por niños judíos en guetos nazis. Tristemente, la imagen es actual, tomada en un país en donde se pregona el respeto a los derechos humanos. El audio de un niño o niña llorando por su papá, también contemporáneo, toca el corazón.

 

Hacia el interior, políticos norteamericanos de todas las filiaciones, líderes religiosos y civiles, colegios de profesionistas –en particular las asociaciones de abogados– y la mayoría de la sociedad hemos manifestado nuestra desaprobación unánime. Y es que justificar la medida es prácticamente indefensible. Varias aerolíneas anunciaron a mundo que no permitirían el ser utilizadas como vehículos para transportar a menores separados. Del exterior, el apoyo a los migrantes y crítica al gobierno Trump han sido igualmente abundantes.

 

El problema fue tan agudo, que las esposas de los últimos cinco presidentes estadounidenses –incluyendo a Melania Trump, cónyuge del actual mandatario–condenaron abiertamente esta acción de gobierno.

 

(El gobierno Trump buscó hacer malabares para presentar una explicación aceptable: desde culpar a los legisladores minoritarios (¡!), decir que es una medida humanitaria (¡¡!!), o citar la Biblia¡¡¡!!!) para separar a las familias.)

 

Bajo casi todos los análisis legales, la medida de separación fue estrictamente legal y válida. La justificación para aplicar la política, sin embargo, la considero tramposa: el gobierno federal estadounidense tomó la decisión de perseguir penalmente a los papás de esos menores de edad por el simple hecho de haber ingresado de manera indocumentada a los Estados Unidos.

 

En el pasado, quienes cometían este delito bastante menor raramente –la pena máxima a imponerse es de 6 meses de prisión– eran acusados penalmente; en fecha recientes, por instrucción directa del abogado general del país, Jeff Sessions, el gobierno buscó perseguir criminalmente el 100% de los casos de entrada irregular a EE. UU.

 

Al transferir a los ahora acusados a prisión preventiva, los menores que los acompañaban eran puestos en custodia temporal en albergues o con particulares, como se hace regularmente en caso de que hubieran ingresado al país sin acompañante.

 

La necesidad de separar a los menores, pues, se da como consecuencia de la decisión gubernamental de proceder penalmente contra sus padres. La solución al problema descansa en quien lo creó: el propio gobierno federal de los Estados Unidos. Y hoy el volátil primer mandatario americano tuvo que dar marcha atrás.

 

Al momento de escribir estas líneas, el presidente de los EE. UU. anunció que definiría una nueva política para poner fin a la práctica de separar a las familias, y que hoy denuncio. Hace unos minutos, Donald Trump efectivamente firmó una orden ejecutiva para poner fin a las separaciones sistemáticas.

 

Como es frecuente en la Era Trump, los siguientes pasos son impredecibles. En el mejor de los escenarios, esta política draconiana quedará enterrada para siempre, y se permitirá la reunificación familiar. Aún en ese escenario mejor, quedarán las heridas causadas en las psiques de los niños y niñas –y de sus padres también–, y el gobierno americano exhibido ante el mundo como abusivo y sin corazón.

 

 

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Archivado bajo Asilo, Donald Trump, Remoción de extranjeros

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