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Conservar la Calma (Más Allá del Derecho Migratorio)

¿Qué puede hacer un ser humano que carece de estatus migratorio válido en este país, pero que también tiene una familia a la cual sacar adelante? ¿Cómo conciliar esta realidad cotidiana de ser miembros productivos de la sociedad, con las noticias que se perciben agresivas contra este grupo?

Un amigo de hace muchos años me lo pregunta. Percibo la inquietud por la situación, y el amor que le tiene a su familia. Este documento va hasta California, esperando responder.
Por mi trabajo, escucho las preocupaciones de gente buena, extranjeros sin estatus migratorio válido, quienes viven por un lado con angustia la falta de soluciones por parte del Derecho migratorio, y por el otro, el claro endurecimiento de la aproximación del gobierno federal actual frente al fenómeno.
No solamente no escuchamos buenas noticias en el franco migratorio con la frecuencia que necesitamos: el tono que grita la administración federal se siente como un ataque.
El poder ejecutivo ha apretado en todos los ámbitos que ha podido, particularmente a los migrantes latinos:
  1. El año pasado, el gobierno del presidente Trump terminó con DACA (aunque un juez federal suspendió la orden del presidente, por lo que al día de hoy se puede solicitar la renovación de la medida protectora).
  2. En enero, la administración Trump terminó la designación de El Salvador y Nicaragua para la protección de TPS. Días antes había extendido por 6 meses únicamente la designación de Honduras, y se teme que termine suspendiéndolo también para los ciudadanos de ese país.
  3. Desde las primeras semanas de su toma de posesión, el gobierno de Trump aclaró que prácticamente todas las personas extranjeras sin estatus válido podrían ser removidas del país – apartándose de las políticas establecidas por el presidente Obama, en donde un porcentaje bajo de la población migrante sin documentos podría ser considerada prioridad de remoción.
  4. Un tema que debería de ser sencillo, como la regularización definitiva de los DACAs y DREAMers (el 70% de los estadounidenses apoya que permanezcan el en país) se ha convertido en un juego de ping-pong en el Congreso federal, siendo los chavos y chavas migrantes tristemente la pelota que envían de un lado para otro los políticos.
  5. Hace unos días el gobierno anunció una nueva forma de programar las citas de los casos de asilo afirmativo, con el declarado propósito de evitar que los solicitantes accedan a un permiso de trabajo, y poder enviarlos más rápidamente con un juez de migración en caso de no encontrar meritorios sus casos.
  6. El debate migratorio, que debería tener fundamento en la conveniencia económica para el país de regularizar a cerca de 11 millones de seres humanos, se polariza en temas que dan la impresión de estar motivados por xenofobia y desconfianza.

¿Qué hacer, entonces?

Lo que le recomiendo a la gente que no tiene estatus migratorio válido, es que sigan viviendo sin pensar mucho en el problema, dando gracias a Dios por cada día que termina. (En realidad tendríamos que hacer lo mismo todos, con o sin documentos.)
Es cierto: por definición, quien está en esta situación carece de certeza. No tiene asegurado algo que de otra manera damos por supuesto: el llegar a casa después del trabajo para estar con los suyos.
Pero también cierto es que durante el tiempo que han estado en este país, día a día trabajan duro; cotidianamente ponen pan en su mesa y en la de su familia, honradamente ganado con el sudor de su frente; de lunes a domingo, dan amor a sus familias. Y aportan a esta sociedad y economía con su esfuerzo.
Eso no cambia.
Lo otro, el debate migratorio, se resolverá de una manera u otra.
(Saludos hasta California.)
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¿Y la Reforma Migratoria, Apá?

Y la Reforma Migratoria Integral, ¿para cuándo?

El gobierno de Estados Unidos y los políticos de este país publicitan la mejor cara de sus obras de gobierno y acciones. Pero permanece un pendiente por más de dos décadas; un pendiente que afecta a millones de norteamericanos y extranjeros: ¿Y la Reforma Migratoria, Apá? La paráfrasis la hacemos de la frase célebre del ingenioso comercial de televisión que quedó grabado en el gusto del público mexicano. En el anuncio, un padre viaja en su pick–up marca Cheyenne (la versión mexicana de la Chevrolet Silverado) con su hijo de 9 años por el rancho familiar.

Después se bajan de la camioneta, y el padre le dice a su hijo, señalando en el horizonte las tierras familiares: “mijo, algún día todo esto será suyo”. El hijo, más ilusionado con la camioneta que con cualquier otra cosa, le pregunta: “¿y la Cheyenne, apá”. El padre, también aferrado a su camioneta, se limita a repetir lo dicho: “mijo: algún día todo esto será suyo”. El hijo ve una vez más a la Cheyenne, pregunta una vez más por ella sin recibir respuesta, y ya no dice más.

“¿Y la Cheyenne, apá?” aplica cuando nos ofrecen algo bueno, pero no nos dan lo que realmente queremos o necesitamos. Por eso, hoy le podemos decir al Congreso y al Presidente: gracias por las buenas noticias, pero, ¿Y la Reforma Migratoria, Apá?

Los políticos pueden darnos las buenas noticias que quieran: la economía está mejorando, el Congreso puede reautorizar la Ley de Violencia contra las Mujeres (VAWA, por sus siglas en inglés). Pero como el niño del anuncio de la Cheyenne les decimos: ¿Y la Reforma Migratoria, Apá?

Para que suceda la reforma migratoria, se requiere que el Congreso vote a favor del cambio, y que el presidente Obama esté de acuerdo con la propuesta del Congreso. Deben de hacerlo, pues la reforma migratoria no únicamente beneficiará a extranjeros que carecen de un estatus legal válido: ayudará también quizás a más ciudadanos americanos que a quienes no son ciudadanos de este país. Me explico: los hijos y nietos estadounidenses de ese hermano salvadoreño que no tiene permiso para radicar en Estados Unidos; los sobrinos y el esposo americanos de esa mexicana que ingresó pero no salió. La sociedad en su conjunto. El mismo gobierno, por los ingresos extras que tendría con los trámites de legalización, y los impuestos que cobraría.

Senadores de ambos partidos políticos principales dieron señales hace dos semanas de estar dispuestos a trabajar por una reforma migratoria que permita a muchos de los 11 millones de migrantes que carecen de estatus legal el regularizar su situación.

El camino en la cámara de representantes podría ser más difícil que el del senado. La semana pasada se dieron los primeros signos de interés de algunos miembros republicanos de dicha cámara, pero también a marcar sus diferencias sobre la reforma migratoria. Algunos proponen un punto intermedio entre no tener estatus y la residencia permanente, conocida coloquialmente como green card. Otros se oponen; otros la apoyan.

El proceso legislativo, este proceso a través del cual se crean las leyes, es muy complicado, lleno de negociaciones, cálculos y consideraciones. En los próximos meses seremos testigos de cómo se desarrolla este tema. Esperemos que los legisladores de ambos partidos estén a la altura de las circunstancias, y aprueben la reforma migratoria.

Como lo hemos dicho antes, para los que no conocemos bien a bien todo lo que sucede a puertas cerradas, nos aguarda esperar, y tener esperanza. Muchas señales nos dicen que parece ser que esta vez sí va en serio; que es la mejor oportunidad en muchos años de lograr la tan necesitada reforma. Nos enteraremos pronto.

En orden cronológico, primero necesitamos que se apruebe la reforma, e inmediatamente después, estudiarla para conocer sus detalles. Porque si aprueban la reforma, no sabemos qué tan completa será. En otras palabras, tendremos que esperarnos a que aprueben la nueva ley, y leerla para saber si protegerá a:

  • Personas que ya han sido removidas o deportadas de EE.UU.
  • Personas con delitos menores
  • Personas que tienen poco tiempo en el país

Esperemos que el Congreso le dé a Estados Unidos y a quienes aquí vivimos, la Cheyenne, y no una bicicleta vieja.

¿Qué podemos hacer desde ahora, con independencia de que en los próximos meses pase una reforma migratoria?

  1. Ahorremos en serio. Sabemos que las reformas migratorias que permiten regularizar el estatus de los extranjeros cuestan, y que normalmente incluyen el pago de una multa, y en ocasiones el pago de impuestos cuando no se ha cumplido con la obligación tributaria. Necesitaremos dinero para el trámite. Desde ya, guarden semana a semana, mes a mes, la cantidad que puedan para cuando llegue la reforma. ¿Y si no sucede este año? El ahorro debe de continuar.
  2.  Si son ciudadanos americanos, llamen a las oficinas de suscongresistas -tanto representantes como senadores-, y pídanles que aprueben la reforma migratoria. A los demócratas, y a los republicanos. Pídanle la Cheyenne, pues.
  3.  Sigamos portándonos bien. Todos los que no somos ciudadanos americanos podemos ser obligados a abandonar el país. Eso aplica para quienes tienen estatus legal válido, y para quienes carecen de él. La invitación a portarse bien es más importante para quienes no tienen estatus válido, pues en la medida en la que cumplan con todas las reglas, las posibilidades de continuar en este país serán mayores.
  4.  Estemos atentos a las noticias de los medios de comunicación cuando sí pase la reforma. Y buscar asesoría con profesionales. Si llega la reforma, no se dejen engañar por vivales que busquen hacen su agosto, engañando a la gente. Mucho cuidado. Esto incluye la invitación a no utilizar a notarios públicos de Estados Unidos para hacer un trámite migratorio para el cual no están autorizados.

 

Twitter:    @ignaciopintoesq
                #YLaReformaMigratoriaApá

 

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